Obama 1 – Osama 0

De penalti y con el tiempo de descuento casi cumplido, esta madrugada Obama ha metido un gol al terrorismo extremista. El ideólogo del atentado del 11 de Septiembre y símbolo del fanatismo de Al Quaeda, Osama Bin Laden, ya es comida para los pececitos. Suponemos que será bastante indigesto a la vista de la dieta que llevaba en su escondite. De lo que se desprende de los últimos vídeos, estaba hecho un saco de huesos.

El momento del anuncio es propicio. Ya ha dado comienzo la precampaña electoral para la reelección del presidente de los EEUU, y despega de nuevo la economía norteamericana. Las encuestas, hasta hace poco contrarias a Obama, han comenzado a remontar a favor de los demócratas.  Está claro: El mago negro de la política ha logrado lo que “W” Bush intentaba mientras se atragantaba con las galletas: Se ha cerrado una etapa.

Sin embargo surgen muchos interrogantes: ¿Por qué no enseñan las fotos del archi enemigo Bin Laden? Es difícil tomarles la palabra sin dudarlo. ¿Creen que después del fiasco de las armas de destrucción masiva todavía nos creemos algo de lo que nos digan desde EEUU sin ver las pruebas? (Aún entonces tampoco casi nadie les creyó). El argumento de que desvelar la foto del líder saudí hecho un colador podría dar alas al radicalismo islámico tiene también sus agujeros, con perdón de la expresión. Salvo que los tiros se los hayan dado por la espalda, no está muy claro cómo una foto puede hacer la furia de Al Quaeda peor de lo que será. Los símbolos suelen ser las fotos del personaje vivo, y no muerto, como por ejemplo el Che, Lenin, Mao, Rasputin, quien sea. Lo que se recuerda y queda para las pancartas es su foto en vida.

Siendo malpensados, pudiera ser que la operación en la que se acabó con la vida de Osama hubiese tenido lugar hace meses, y la información haya sido retenida hasta el momento más idóneo para filtrarla en una declaración efectista. Quién sabe, en política no hay nada inaudito.

Sin embargo queda la pregunta final: ¿Es moral que celebremos el asesinato de un hombre, por muy criminal que resulte? Considerando que la alternativa para el barbudo asesino era una cárcel como Guantánamo, en la que los derechos humanos virtualmente no existen y los intentos de suicidio son casi diarios, se nos aligera la conciencia cuando nos alegramos de que por fin, tras casi 10 años, se haya hecho justicia.

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