Ya solo faltaría Godzilla.

Primero un terremoto de 8,9 en la escala Richter, (el 5º más destructivo de la historia desde que se efectúan mediciones), el consecuente tsunami devastador que ha convertido los barcos en vehículos anfibios, y ahora un escape nuclear.

Ya sólo falta Godzilla.

En casos como estos se agradece que haya héroes que trabajan en la central de Fukushima arriesgando sus vidas para que la población civil japonesa sufra las menores consecuencias posibles derivadas de la radiación. Realmente son casi kamikazes, considerando que en el inmediato precedente de Chernobyl murieron en poco tiempo casi todos los trabajadores que lograron sellar la central para minimizar los escapes.

¿Se podía haber previsto? ¿Se podía haber evitado? Es cierto que en Japón han tomado la arriesgada opción de haber construido centrales nucleares sobre los cimientos de una de las fallas sísmicas más activas del mundo. Si Fukushima en lugar de ser una central nuclear hubiese sido una central térmica o un ciclo combinado de gas, las consecuencias de un fallo en sus sistemas de emergencia hubiesen sido mucho más reducidas y desde luego nada radioactivas. 

Sin embargo es difícil hacer previsiones para un terremoto de esta magnitud. Sólo nos queda esperar que los operarios logren contener el peligro, y si no lo logran, los habitantes de Tokio estarán a merced de la dirección del viento.

En cualquier caso, desde aquí os enviamos mucho ánimo, kamikaces nipones.

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