10 Castillos que no te quieres perder. (Parte 1).

¡Ah del castillo! Las fortalezas han supuesto la mayor barrera histórica para que unos no conquisten otros. Tan eficaces eran, que en ocasiones hubo que sitiarlas durante años, a veces sin frutos. En nuestra ruta por los mejores castillos, nadie te tirará aceite ni flechas.     

     

Repartidos por el mundo hay multitud de castillos impresionantes, perfectos para cuentos de fantasía y relatos de asedios y batallas medievales. Desde exóticos castillos orientales, escenario de intrigas cortesanas y luchas de poder, hasta los castillos que irguieron los cruzados en el desierto, intentando arrebatar cada palmo de arena a los sarracenos, todos merecen la pena una visita en profundidad. Aquí te presentamos la primera parte de nuestro recopilatorio, con cinco de los mejores castillos del mundo… ¡Abrid el portón!    

    

1) HIMEJI, (Japón).   

En la ciudad de Himeji, en Japón, se alza sobre dos montes un espléndido castillo al más puro estilo oriental. La agrupación de todas sus torres, con los tejados típicamente japoneses, crea una visión imponente y recia pero a la vez armónica, que no olvidarán fácilmente aquellos afortunados que lo visiten. Otra de sus características más curiosas es la disposición de una defensa laberíntica, con portales, pasajes y callejones sin salida que se construyeron para dificultar el acceso del enemigo al interior.    

Se empezó a construir en 1346, año en que Europa era asolada por una de las oleadas de peste negra más devastadoras. En Japón era el periodo del Shogunato Ashikaga, en el que la aristocracia militar o bushi usurpó el poder del emperador y comenzó a regir el país mediante el shogunato, en el que el shogun o comandante en jefe del estado tenía el poder real. Se dio un proceso acelerado de feudalización y se construyeron muchos castillos regidos por los señores locales o daimyo. El castillo de Himeji fue uno de ellos, aunque en principio no era tan grande, puesto que sufrió remodelaciones posteriores, como la ejecutada en el siglo XVI por Toyotomi Hideyoshi, toda una figura de la historia japonesa y uno de los reunificadores de un país cuyo poder se había disgregado en manos de los diferentes daimyo.    

Hoy el castillo de Himeji es uno de los principales monumentos de Japón y de los más visitados. Si vas el primer domingo de abril no te perderás el Kanokai, la fiesta de los cerezos en flor, y si decides ir a principios de agosto tendrás la oportunidad de ver una representación de teatro tradicional Takigi No y un desfile en la Fiesta del Castillo Himeji.    

Castillo de Himeji en Japón

Foto: Paco Alcántara

 

2) NEUSCHWANSTEIN, (Alemania).    

Si no vas a viajar a Asia no te preocupes, que en Europa sobran los castillos. El de Neuschwanstein, de impronunciable nombre cuyo poético significado es “Nueva Roca del Cisne”, es de los más famosos del continente y una de las joyas de la Baviera alemana. Es el típico palacio de cuento de hadas, con esbeltos torreones y elegantes atalayas con matacanes. Además está ubicado en un precioso paraje de bosques y verdes pastos. Se puede acceder a él a través del Puente de María que cruza el río Pollat para obtener las más espectaculares vistas.    

Fue ordenado construir a finales del siglo XIX por el monarca Luis II de Baviera, que se implicó personalmente en la decoración del lujoso interior, tal y como atestiguan los numerosos frescos alusivos a grandes óperas de Wagner, su amigo y protegido. Es una mezcla de estilos en el que predomina el neogótico en el exterior, que le da esa apariencia romántica tan célebre. En el interior es muy interesante la decoración de influencia bizantina, con preciosos mosaicos en los que el color dorado es el protagonista.    

El rey también vivió en el cercano castillo de Hohenschwangau, y es que esta zona de Alemania cuenta con varios palacios y castillos muy interesantes, emplazados en los paisajes más hermosos del centro de Europa.    

   

3) MONT SAINT MICHEL, (Francia).  

Viajando hacia el oeste llegamos hasta el Atlántico donde, unido a Francia solo por una carretera, una fascinante construcción se alza en un rocoso monte que surge de las olas. Pero no siempre es así, con la marea baja el agua se retira dejando una llanura arenosa. Se trata, cómo no, del maravilloso Mont Saint Michel.    

Abadía benedictina fundada en la Alta Edad Media, fue hogar de leyendas desde el principio: las apariciones del arcángel San Miguel que llevaron al obispo Aubert a erigir un templo en su honor, el caso de una mujer embarazada a la que alcanzó la subida de la marea mientras huía por la llanura hacia el continente y que reapareció cuando el mar se volvió a retirar, con su hijo recién nacido en brazos, etc.    

Consta de varios edificios, todos ellos singulares y de gran belleza e historia: desde las murallas y la Ciudadela hasta la iglesia de la abadía, rasgando el cielo con su aguja, la abadía propiamente dicha, deliciosamente románica, y otros edificios anexos, con estilos que van del románico al gótico.    

La peculiaridad de su emplazamiento la hacía una fortaleza casi inexpugnable, rodeada de agua y a la que solo podía accederse con la bajada de las mareas. Y buena falta que le hizo este tipo de defensa, sobretodo en la Guerra de los Cien Años cuando consiguió salir indemne de varios intentos de conquista. Sin embargo, siglos más tarde, la Revolución Francesa consiguió que los monjes abandonaran el lugar.    

Hoy en día es un lugar muy visitados por turistas y viajeros, pero también por peregrinos, ya que desde principios del siglo XX vuelve a haber una comunidad de monjes que asegura la espiritualidad del lugar.    

Monte Saint Michel
Foto: Thierry B.

   

4) PEÑAFIEL, (España).  

Bien diferente es el castillo de Peñafiel, el “Barco de Castilla”, en plena meseta española, orgullo de los castillos vallisoletanos. El apodo le viene de su forma, que ocupa toda la extensión de un largo cerro, como si fuera un inmenso barco. El aspecto exterior es imponente por su envergadura y por sus sillares de caliza. Las almenas que coronan sus murallas y la torre del homenaje le dan un aire medieval inconfundible.   

Se construyó a principios del siglo X como un punto fundamental en la defensa contra los musulmanes, con su dominio del territorio del valle del Duero y también de los valles de los ríos Duratón y Botijas, en la conflictiva frontera cristiano-árabe. Se reconstruyó en el siglo XV por la Orden de Calatrava, dándole la forma actual.    

En el sobrio interior, tanto las habitaciones abovedadas de la zona noble como las celdas de la prisión o las cámaras subterráneas desprenden siglos de historia. Hay numerosos acontecimientos curiosos relacionados con el castillo, como la desgraciada historia de Carlos, Príncipe de Viana, nacido en Peñafiel, encarcelado años más tarde por disputas con la segunda esposa de su padre y envenenado poco después. También formó parte del señorío del infante Don Juan Manual, célebre y culto sobrino del rey Alfonso X el Sabio y autor de El conde Lucanor, una de las obras claves de la literatura castellana medieval.    

   

5) CRAC DE LOS CABALLEROS, (Siria).  

Si nos trasladamos cuatro mil kilómetros al este, al desierto de Siria, nos encontramos otra magnífica fortaleza: el Crac de los Caballeros. Fue el único castillo de los cruzados que resistió el embate del famoso sultán Saladino, el mayor de Tierra Santa, construido en el siglo XII por los monjes guerreros de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén.    

Visto desde el aire el Crac tiene una original y geométrica disposición, siendo una fortaleza concéntrica con un muro externo heptagonal. Además de lo escarpado de su ubicación, en un risco, y de sus altos y recios muros, la entrada al recinto era en zigzag para dificultar más la entrada de invasores. Por si fuera poco, al estar en territorio de guerra se previó la posibilidad de asedios que obligaran a la rendición por hambre. Para evitar esto construyeron enormes almacenes para guardar comida que les podría hacer resistir… ¡durante cinco años! ¡Estaban bien preparados estos hospitalarios!    

Además de su impactante visión externa, el castillo guarda algunos tesoros en su interior, como los frescos de la época de los cruzados.    

Estos cinco son solo ejemplos de lo que te pierdes si piensas que visto uno, vistos todos. Según su función parecen más palacios que edificios defensivos o, por el contrario, verdaderas fortalezas inexpugnables. También influye en su variedad el lugar del mundo en el que esté y los estilos arquitectónicos empleados. Las diferencias entre todos ellos son maravillosas, pero si te has quedado con ganas de más, en el próximo número, ¡te enseñamos la segunda parte con otros 5 castillos para no perderse!    

    

Rosaura Ruiz    

Rosaura Ruiz es estudiante de Historia, devoradora de libros y amante del arte y la cultura. En cuanto puede, que es cuando el dinero se lo permite, sale de viaje. Planificar la siguiente escapada es lo que la mantiene con vida; las ganas de descubrir nuevos lugares es lo que llena su mente    



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3 respuestas para “10 Castillos que no te quieres perder. (Parte 1).”


  1. aca - 7 de junio de 2011 a las 01:27

    por que no dicen de que se construyen

  2. anna karen - 14 de marzo de 2013 a las 23:15

    es muy bueno deberian leer esta informacion

  3. Jorge Uribe Botero - 11 de marzo de 2014 a las 22:14

    En realidad es una pieza excelente de información. Me alegro de que lo hayas compartido. Por favor, mantenernos al día con estos temas de marichis tan interesantes. Gracias



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