Como Indiana Jones, pero de verdad.

Sin látigos pero con sombreros de ala ancha. Los arqueólogos más famosos de la historia eran por obligación unos extraordinarios viajeros, y aunque hoy seguramente no servirían como héroes de Hollywood, sus andanzas durante los siglos XIX y XX en ocasiones superaban la ficción. ¿Quieres ser como ellos?

Viajar siempre ha ejercido una fascinación poderosa sobre las personas por lo que tiene de aventura y de descubrimiento. Esto se hace especialmente cierto si hablamos del siglo XIX y principios del XX, en el que viaje e historia iban de la mano. De hecho los más famosos arqueólogos de la época, lo que equivale decir de todos los tiempos, célebres por sus descubrimientos de culturas perdidas o desconocidas, fueron también grandes viajeros.

En algunos casos, como el de Heinrich Schliemann, se era, de hecho, más viajero que arqueólogo. Este alemán que desde niño soñaba con encontrar la mítica ciudad de Troya llevando como guía la Ilíada de Homero, no tenía formación académica. Toda la que obtuvo fue gracias a su constante ir y venir por el mundo.

Nació en 1822 en el seno de una familia humilde. Con diecinueve años se enroló como grumete en un barco rumbo a Venezuela, pero naufragó. Entonces se empleó como escribano en Ámsterdam, donde estudió idiomas ávidamente. Se convirtió en comerciante y fue rápidamente ascendiendo hasta alcanzar una gran fortuna y posición social que le permitió seguir viajando. Estuvo en América del Norte, en San Petersburgo, en Egipto, Palestina, Siria y Grecia, e hizo un viaje alrededor del mundo que duró dos años.

El arqueólogo Indiana Jones.

Casi como Indy. (Paramount Pictures. All rights reserved)

A los cuarenta y seis años lo abandonó todo para dedicarse a buscar su Troya soñada, dedicación gracias a la cual se produjo uno de los hallazgos más importantes de la arqueología. Pues no solo descubrió una ciudad enterrada hace miles de años, sino que halló nueve, superpuestas. Y la novedad, además, estribaba en que se hizo siguiendo un libro que todo el mundo, excepto Schliemann, pensaba que era solamente literatura. Desde entonces, la guerra de Troya narrada en la Ilíada se considera un acontecimiento histórico y el episodio de la destrucción de esta ciudad quedó probado por las huellas de incendio que ennegrecían sus muros aun cuando este arqueólogo aficionado, millonario y hombre de mundo las sacó a la luz de nuevo.

Fue en 1922 cuando tuvo lugar un descubrimiento que asombró al mundo tanto como el de Troya: el hallazgo de la tumba intacta de Tutankamón. Fue gracias a Howard Carter y a su mecenas Lord Carnavon que hoy todo lo referente al Egipto Antiguo se asocia a una máscara de oro con detalles en lapislázuli y otros materiales preciosos que perteneció al nombrado faraón.

La colaboración de estos dos hombres comenzó sobre 1906, cuando Lord Carnavon, rico gentleman, trotamundos y coleccionista de antigüedades decide buscar alguien competente para ayudarle en sus excavaciones de aficionado en Egipto, para las que sus conocimientos eran insuficientes. Carter había llegado años antes al país del Nilo a las órdenes del también arqueólogo sir Flinders Petrie, que recorrió todo Egipto en sus investigaciones, y tuvo tiempo de conocer en profundidad el país. El descubrimiento del túmulo que contenía la famosa tumba de Tutankamón fue toda una aventura en sí misma. Escogieron, por pura casualidad, una acertada zona para excavar, en el Valle de los Reyes. Nadie esperaba que encontraran gran cosa, pues todas las excavaciones de importancia en el Valle habían terminado ya. Tras varios años de pequeños hallazgos, insuficientes, decidieron dedicar solo otro año más, y fue entonces cuando dieron con la más rica tumba faraónica de Egipto y con un trabajo arqueológico y de investigación que duraría años. Carter escribió: “Lo repentino de este hallazgo me ocasionó una especie de aturdimiento. ¡Los meses siguientes estuvieron tan llenos de acontecimientos, que apenas he tenido tiempo para reflexionar!”.

Howard Carter

Howard Carter, cualquier parecido con Indy es pura coincidencia.

Si nos trasladamos a otras latitudes también encontramos la aventura de la mano de infatigables arqueólogos. John Lloyd Stephens, nacido en 1805, era un americano que había estudiado Leyes pero cuyas aficiones se inclinaban hacia las antigüedades. Por ello viajó en búsqueda de los pueblos antiguos de todo el mundo. Estuvo en Egipto, Arabia, Tierra Santa y, un año después, en Turquía y Grecia.

Sin embargo fue más tarde, con cuarenta y ocho años cuando descubrió un informe que hablaba de algo que hasta entonces desconocía: había restos de una antiquísima arquitectura en las selvas de América Central y el Yucatán. Esto le impresionó mucho y partió en búsqueda de estas ruinas que estaban ahora en un país en revolución. Le acompañaba el dibujante Frederick Catherwood y juntos, guiados por indígenas, atravesaron los espesos bosques en dirección a Copán. Parecía imposible que allí pudieran estar las maravillas que había leído. Sin embargo, estaban. Casi tropezaron con un muro de bloques de piedra, con una suntuosa decoración y con una escalinata que llevaba a una terraza tan cubierta de vegetación que no se podía calcular su verdadera extensión. Stephens, para poder seguir investigando las ruinas, las compró a su propietario por cincuenta dólares. Continuaron su camino hacia Guatemala, Chiapas y el Yucatán, encontrando en su camino más monumentos mayas. Ambos se consideran los “segundos descubridores” de América y abrieron todo un campo de estudio nuevo con sus hallazgos de los antiguos pobladores americanos.

Hoy en día parece que el viajar ya no conlleva ese grado de aventura, y la arqueología hace tiempo que perdió su aspecto intrépido. Pero, en realidad, solo lo parece. Aunque ahora los arqueólogos ya no vistan a lo explorador y se dediquen a cruzar selvas vírgenes esperando encontrar algo maravilloso, o no vayan con un libro antiguo en una mano y una piqueta en la otra, hay todavía muchos misterios en la Historia que resolver que tal vez algún día se desentrañen. ¿Alguien se atreve a viajar por Oriente en busca de la tumba perdida de Alejandro Magno?

Rosaura Ruiz

Rosaura Ruiz es estudiante de Historia, devoradora de libros y amante del arte y la cultura. En cuanto puede, que es cuando el dinero se lo permite, sale de viaje. Planificar la siguiente escapada es lo que la mantiene con vida; las ganas de descubrir nuevos lugares es lo que llena su mente.



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5 respuestas para “Como Indiana Jones, pero de verdad.”


  1. rocka - 14 de abril de 2011 a las 03:07

    exavando en casa de una tia para hacer un pozo encontre una pieza arqueologica, es un sol azteca de 6″ de diametro aprox, esta muy hermoso piedra solida un pedazo de la historia de mexico sin duda pieza invaluable pero por necesidad tengo q venderla y si se la doy al gobierno ellos me la quitaran y venderan seguramente si estas interesado contactame..

  2. paullllluchi - 5 de noviembre de 2011 a las 11:48

    Me ha parecido chachi piruli, muy interesante y he aprendido un monton. Soy una fan desde ahora de arqueologia.os quiero chao!!!!!!!!!

  3. Juan Carlos - 6 de febrero de 2012 a las 03:04

    Hola Rosaura te escribe Juan Carlos de Caracas Venezuela me gusto mucho tu publicacion aqui lamentablemente no dan la carrera de arqueologia en ninguna universidad siempre me ha gustado la historia antigua y el viajar pronto comenzare un viaje largo en el que espero descubrir nuevas cosas si deseas contactatarme solo escribeme al correo juancho.overhate arroba gmail un saludo.

  4. Maria Elena - 6 de marzo de 2012 a las 08:30

    Hola soy Maria Elena vivo en ecuador quisiera saber que hay de cierto que la carrera de arqueología va a desaparecer .. xq quisiera estudiar esto xq es lo que me ah encantado desde pequeña tengo varios libros me eh leído algunos .. entonces quisiera saber que hay en verdad sobre aquellos

  5. 123 - 11 de noviembre de 2012 a las 22:55

    enserio hay todos esos arqueologos que han descubierto tanto pra solo publicarlo



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