Vale, ya conoces Dublín. ¿Y ahora qué?
Sencillo; te puedes quedar bebiendo cerveza en Temple Bar, o puedes conocer los verdes alrededores de la capital de Irlanda. Aunque dada la cercanía de la ciudad del Liffey a las excursiones que te proponemos, ¡puedes seguir estas rutas desde Dublín de día y beber Guinness de noche! No diréis que no os lo ponemos fácil…
Dublín es una ciudad con mucho que ofrecer al viajero curioso, pero todo aquel que visita Irlanda llega con la idea de gozar también del proverbial verde de la isla. Hay muchos lugares mágicos no muy lejos de la capital o sin siquiera salir de ella, a los que se puede llegar en coche o con transporte público.
El Phoenix Park es uno de los parques urbanos más grandes de Europa (712 hectáreas) y está situado a 3 km al oeste del centro de la ciudad. La entrada principal está en Parkgate Street. Alberga el zoo de Dublín, campos deportivos (de rugby, polo, fútbol, cricket) y también se organizan allí conciertos, teatro y otros eventos. Pero Phoenix es mucho más que eso. Es un inmenso reducto de naturaleza donde perderse y donde disfrutar de la diversidad de su flora y de su fauna (ya que el parque es hábitat de, entre otros, ardillas, ciervos y patos) y del encanto de sus senderos, jardines y estanques. Muchos de los árboles que alberga tienen un letrero que indica la especie de que se trata, haciendo aun más interesante el paseo.
En el propio condado de Dublín se encuentra Malahide, un pueblo a orillas de mar que cuenta con un parque de algo más de 100 hectáreas de árboles y verde césped, cuyo principal atractivo es el Malahide Castle. Se puede llegar con el autobús nº 42 desde el centro de Dublín y también con trenes suburbanos.
El castillo se construyó en época normanda, pero con el paso de los siglos fue sufriendo diversas mezclas de estilos arquitectónicos, y hasta 1973 estuvo ocupado por la familia Talbot. Su interior se puede visitar con guía (hay folletos en castellano para que puedas seguir las explicaciones) y es una interesante muestra de parte de la historia de Irlanda. Incluye un elegante salón medieval con una puertecita, por la que se dice que entraba y salía Puck, el fantasma del castillo. Es un pequeño ejemplo de cómo en Irlanda resulta casi imposible desligar historia de leyenda.
Al sur de Dublín se encuentra el condado de Wicklow, que cuenta con dos de los lugares más interesantes que puedes encontrar en tus excursiones. En Enniskerry, a 19 km de la capital, están los Powerscourt Gardens, iniciados en la década de 1740 para ser los jardines del palacio Powerscourt. Se puede llegar con el autobús nº 44 (se toma en Hawkins Street). Tiene partes más propias de un jardín, inspiradas en Italia, con setos recortados, estatuas y fuentes regalando la vista; pero también posee zonas donde se ha dejado un paisaje más agreste, con enormes árboles flanqueando el sendero, como es el caso del Tower Valley. Éste toma su nombre de la Pepperpot Tower, construida a semejanza del pimentero de mesa de Lord Powerscourt y a la que puede subirse para admirar el paisaje desde una posición más elevada. También incluye unos preciosos jardines japoneses y un peculiar cementerio de mascotas.
A solo 5 km de los jardines se encuentra la cascada más alta de la Isla Esmeralda, con una caída de más de 120 m, alimentada por las aguas de las turberas de las montañas Wicklow y rodeada de árboles. Es una sensación maravillosa estar a sus pies, con el sonido del agua cayendo y la frescura del ambiente salpicado de gotas. El trayecto desde la ciudad hasta estos parajes es también digno de admirar, ya que los pastizales y arboledas son también ejemplo de la naturaleza del país.
La otra joya de Wicklow la constituye Glendalough, el Valle de los Dos Lagos. Está un poco más alejada de la capital, a unos 50 km, pero vale la pena ir. Además, hay empresas de autobuses, como el St. Kevin’s Bus Service, que hacen el trayecto Dublín-Glendalough diariamente (consultad horarios). Pueden visitarse los restos de un monasterio del siglo VI fundado por San Kevin cuando decidió llevar una vida de ermitaño y que, tras su muerte, fue un importante centro de peregrinación. Hay varios edificios de interés, entre ellos una catedral del siglo XII. También es muy curioso el cementerio, con antiguas lápidas de piedra que guardan las tumbas, muchas de ellas tumbadas por el paso del tiempo. No dejes de darte un paseo por entre estos monumentos.
Además del valor histórico del conjunto monasterial, Glendalough merece una visita por su inmenso valor natural (de hecho forma parte del Parque Nacional Montañas de Wicklow). Las colinas verdes, los bosques de abetos y otros árboles, llenos de helechos, y los dos lagos, crean un paisaje fascinante. Hay rutas de senderismo que llevan a la cima de los montes que rodean el lugar y que se adentran en plena naturaleza. Una de ellas lleva a la Poulanass Waterfall, una pintoresca cascada.
Si después de estas excursiones aún te quedan ganas (y tiempo), no dudes en explorar por tu cuenta otras rutas desde Dublín y descubrir toda la belleza de la Isla Verde. Irlanda tiene bastante buena red de transportes que pueden llevarte allá donde quieras.
Rosaura Ruiz es estudiante de Historia, devoradora de libros y amante del arte y la cultura. En cuanto puede, que es cuando el dinero se lo permite, sale de viaje. Planificar la siguiente escapada es lo que la mantiene con vida; las ganas de descubrir nuevos lugares es lo que llena su mente.






Me gusta mucho Durlines, y me gusta todas sus leyendas son muy interesante te llenan de entusiasmo y ganas de saber mas.