Moscú para mochileros y oligarcas.
Con el comunismo ruso muerto y enterrado, el dinero del gas ha convertido Moscú en una ciudad rabiosamente capitalista. Y se nota en muchos de sus precios,así que prepárate para pagar una fortuna por un hotel en el centro. Te proponemos un recorrido para mochileros, y otro para ricos.
Moscú es una ciudad que ejemplifica como ninguna la ductilidad de la naturaleza humana. De cuna del comunismo ha pasado a convertirse en un paraíso de los sentidos donde prima el exceso, el lujo y el glamour. Pero existen nostálgicos en sus avenidas que nos hablan del pasado, y muros que nos revelan su historia. Más allá de la purpurina y los diamantes se ha mantenido el gusto por la cultura y el rigor en sus artes escénicas, y la lectura es mucho más que un pasatiempo, disfrutado por todos ya sean obreros, estudiantes o millonarios.
Cuando uno aterriza en Domodedovo, uno de los tres aeropuertos de la ciudad, se intuye que grandes cosas van a pasar. Moscú tiene fama de ser una de las ciudades más caras del mundo, pero eso no debe intimidar al viajero. Roberto llegaba de Barcelona y llevaba en su mochila lo justo para sobrevivir tres días, y un volumen de ‘El maestro y margarita’ que había leído ya dos veces. En el mismo vuelo viajaba Sergei, un joven ucraniano que venía a visitar a unos amigos, llevaba un pequeño bolso de mano y rublos casi ilimitados en su tarjeta de crédito. El chófer de su amigo le estaba esperando para llevarle al hotel: ‘dobri dien’ –buenos días- y se pusieron en marcha.
Roberto cogió el tren directo que lleva al centro de Moscú, en aproximadamente una hora. De la estación decidió coger el metro, impresionante con sus interiores de mármol y sus velocidades absurdas. Las paradas del metro de Moscú son muy espaciadas y recorren largas distancias, y es el método más rápido para moverse. Resultó bastante fácil porque los letreros están escritos en ruso y también en alfabeto latino. Elegir un hostel adecuado a su bolsillo había sido dificil, el ‘Napoleón Hostel’ tenía fama de estar muy animado y el ‘Suharevka hotel’ proponía una cocina, pero algo más alejado del centro. Al final se había decidido por uno de diseño abierto hace poco junto a la calle más famosa, la Tverskaya Ulitsa, el ‘Artel Artistic Hostel’, que se había ocupado de la invitación para conseguir el visado de entrada. Roberto se encontraba ya perfectamente instalado en su habitación bien calentada y viendo la nieve caer a unos -20 grados en la calle.
Por su parte Sergei se había decantado por el hotel Ararat Park Hyatt, muy cerca del gran Teatro Bolshoi, de estilo hypermoderno y ultra chic, y había ignorado los consejos de su padre que en sus viajes a la ciudad prefería el nuevo Ritz-Carlton, situado a la vuelta de la esquina. También había considerado el histórico ‘Hotel Metropole’, donde tantas reuniones socialistas se habían realizado durante la revolución, pero ese tipo de lujo art Nouveau no iba con él, ya iría a comer algún día bajo la famosa cristalera de su restaurante.
Roberto no aguantó mucho en su habitación, había tanto que ver. El camino hacia la Plaza Roja no fue largo, unos quince minutos en los que resbaló infinitas veces, y una caída sin importancia. La nieve estaba por todas partes, y las aceras resbalaban terriblemente, sin embargo, por algún motivo él parecía ser el único en apuros, mientras las chicas jóvenes con tacones mantenían perfectamente el equilibrio. La Plaza Roja era majestuosa, y su nombre no hace referencia al color sino que en ruso antiguo rojo, ‘krasni’, significa ‘bella’ , la plaza bella. Sí era verdad, con la Iglesia de San Basilio al fondo con sus cúpulas de colores y formas sinuosas era realmente una hermosa postal de Navidad. Lástima que el Mausoleo de Lenin estuviera cerrado, sus horarios cambian constantemente. La visita al Kremlin, donde varias salas están abiertas al público la dejaría para mañana, aún hay tiempo.
Sergei salió de compras después de haber comido algo en ‘Shatush’ . ‘Looch’ estaba un poco demasiado lejos, y no le apetecía estar solo en el famoso ‘Ketama’ donde se come estirado y las mesas VIP del centro tienen un suplemento del 30%. Sus tiendas favoritas estaban todas agrupadas bajo un mismo techo en plena Plaza Roja, las galerías ‘GUM’: Prada, Gucci,Dior, todos estaban allí; con suerte encontraría el traje adecuado para la cena en el nuevo ‘Nobu’, abierto por De Niro, y acabar la noche en la discoteca más famosa, ‘Krisha’.
A Roberto la visita a la Tretyakoff Gallery le había hecho entrar hambre, siempre le pasaba lo mismo con el arte contemporáneo. Moscú está lleno de una cadena de restaurantes tradicionales llamada ‘Yolki Polki’, donde se puede degustar especialidades como la sopa borsch a base de remolacha y carne, o el ‘beef strogonoff’ entre muchos otros. A unos 10 euros la comida aún le quedaba presupuesto para un buen blini (tipo de crepe ruso) que se vende por la calle a menos de 2 euros. Y luego iría a una de esas ‘banyas’ a tomar unos vapores y ser suavemente frotado por un laurel. Y por la noche unos vodkas en ‘Kitaisky Lyotchik’, donde se reúnen muchos jóvenes de todas partes y donde no hay controles estrictos en la puerta.
Moscú es una ciudad reputada por su cultura, el Museo Pushkin es visita obligada y contiene obras desde el clasicismo hasta el arte moderno ruso, pasando por el impresionismo. El Malenki teatro –o teatro de los jóvenes- es la alternativa económica al Bolshoi, por unos 4 euros propone óperas, ballets o teatro de la más alta calidad artística, con intérpretes que brillarían en cualquier escena del mundo.
Sin saberlo, Sergei y Roberto pasaron los días en busca de lo mismo. Ambos visitaron el Parque Gorki con su aura melancólica donde los jóvenes se reúnen en verano; y regatear con un taxi no fue fácil para ninguno, además esos Lada negros no inspiran ninguna confianza. Por alguna razón los dos remarcaron que Moscú es una ciudad repleta de flores, que se venden en cada esquina. Pero con éste clima, ¿de dónde vienen? No importa, el alma rusa es romántica pese a sus caras serias, lo importante es dónde van, y muchas acaban en el Convento de Novodevichy, donde están enterrados entre muchos otros el cineasta Eisenstein, el violoncelista Rostropovich, el escritor Gogol y también Bulgakov, tumba que emocionó especialmente a Roberto.
Alessandro Ferrando es un observador de culturas; Licenciado en Historia del Arte y especialista en Arte Contemporaneo, sus intereses son multiples y casi opuestos; gusta de descubrir la belleza que yace escondida por todas partes y hacerla visible a traves de sus escritos.





