Paz, amor, y sustancias sospechosas en Christiania.

¿Experimento social? ¿Comuna de hippies? ¿Gueto de okupas y traficantes? Adéntrate en los muros de Christiania, un remanso de “paz y amor” en el mismo corazón de Copenhague. Quédate y conócela a fondo, eso sí, si buscas las cinco estrellas, sólo las encontrarás por la noche, y en el cielo.

Christiania nace en un abandonado asentamiento militar danés de Copenhague. Recién llegados los 70, las flores ocuparon las barracas que abandonaron las armas. En estas barracas se instalaron masivamente gentes de diferentes sectores de la sociedad que vinieron a crear un modo de vida alternativo basado en la vida comunal y la libertad. A través de los años Christiania ha tenido que luchar de diversas formas por su supervivencia frente a las normas del mundo exterior, a veces políticamente, a veces con uñas y dientes. En la actualidad, en su extensión de 35 hectáreas conviven unos 850 residentes, sin contar claro está, la “ciudad dormitorio” de jóvenes de todo el mundo que acampan libremente durante el verano al otro lado de su tapia.

Tras rodear sus muros, encontramos la entrada, se trata de dos postes y un larguero de madera que nos anuncian con letras talladas “Christiania”. Inmediatamente percibes haber entrado en un mundo diferente. Sin rastro de esos vaqueros de marca última generación que le quedan tan bien al danés de a pie, el ambiente entre la gente parece relajado y distendido. Aún así, el turbio aspecto de ciertos lugareños, a buen seguro hará que los visitantes más aprensivos caigan prematuramente en la paranoia.

Bicicleta en Christiania

Foto: Federico Leone

Rodeando los impersonales barracones militares que fueron ocupados décadas atrás, se encuentran decenas de casas construidas con materiales humildes, pero con mucho colorido, muchas de ellas gracias a la “mano de pintura” que le han dado los grafiteros, que se han esmerado a fondo y han conseguido algunos murales de lo más llamativos. Los jardines y los árboles crecen por doquier en armonía con todo lo demás. Calles sin pavimentar y libres de automóviles. El único tráfico visible, el de las bicicletas y el de marihuana.

Ha de quedar claro pese a lo dicho anteriormente que los habitantes de Christiania son enemigos de las drogas duras, y de las fotografías. Así lo hacen saber a los visitantes con numerosos avisos pintados en las fachadas de los principales edificios. Durante muchos años, las personas con este tipo de dependencia (a las drogas duras me refiero, no a tomar fotos) fueron un gran problema. Según dicen, llegaron a Christiania animados por las autoridades locales, que les indicaban que si se desplazaban allí, encontrarían mayor permisividad. Gracias a dios, este es un problema del pasado.

Las máximas de aquí son la autosuficiencia y el sentido de comunidad. Tu casa (que no es tuya, es de la comunidad), te la construyes tú, la fontanería, te la montas tú, en las reparaciones, te las ingenias tú. Y si no puedes solo, busca a alguien de la comunidad con más experiencia que te ayude (si quiere). Todo un master práctico en ingeniería.

La visita estrella, si se dispone de algún residente conocido que nos invite a acompañarle, puede ser la sauna. El ambiente que se percibe en el interior es muy “natural”, que si no queda del todo claro, quiere decir que el bañador y el pudor se quedan en el colgador de ropa. Por un precio simbólico, se puede disfrutar de sus duchas, lavabos, su coqueta sauna con vistas al jardín y un tanque de agua casi helada para bajar el calentón (el de la sauna).

Banda de música

Foto: Anja G. Olsen

Tras haber sudado la gota gorda, seguro que el cuerpo demanda cantidades ingentes de calorías, pero lamento comunicarte que McDonald´s aún no ha abierto franquicia dentro de Christiania, pero como no hay mal que por bien no venga, aprovecha la oportunidad para probar la comida de alguno de los establecimientos llevados por los residentes, donde encontrarás como no podía ser de otro modo (y no exclusivamente) comida orgánica y vegetariana, puede que no sea tan sabrosa, pero es más sana ¡y está a muy buen precio!

Por la noche, el bar Woodstock ofrece un espectáculo muy peculiar, no nos referimos a sus conciertos, ni a sus distinguidos clientes, siempre destripando y aliñando cigarrillos con precisión de cirujano. Nos referimos a su colonia de groenlandeses, fáciles de identificar por sus recios y afables rasgos, siempre sentados, con los labios sellados, y abriendo la boca solamente para seguir bebiendo. Parece que fueran a permanecer sonriendo y mirando hipnotizados al horizonte eternamente, hasta que uno tras otro, inevitable y bruscamente estampan la frente contra la mesa, abatidos como osos blancos, si es que el alcohol a su manera también puede hacer las veces de dardos tranquilizantes. Felices sueños polares.

Para el visitante, el código de conducta en este oscuro local puede ser algo confuso. Una pareja se besa apasionadamente en la barra, la encargada del local se acerca y les llama la atención: “Aquí sexo no” les dice. ¿Se trata de un lugar liberal o de un monasterio ultraconservador? Cuando queráis abrimos el debate.

Christiania es sin duda uno de los rincones más peculiares de toda Europa, a la salida, los mismos tres postes de la entrada avisan “Está usted entrando a la Unión Europea”. “Pues en mi mapa de Copenhague no dice nada de ninguna frontera” dirá alguno. Es cierto, pero es posible que las fronteras, además de en los mapas, también se encuentren en la mente.

Juan Contreras

Juan Contreras es un autoproclamado psicólogo loco por los viajes, contador de historias y experto en nada.



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