El día en que el tiempo se paró para Pompeya.

El tiempo no ha trascurrido. La mañana despierta en Pompeya. Un inmenso yacimiento arqueológico, una ciudad desaparecida en el año 79 bajo una capa de lapilli y redescubierta en 1594. Y sin embargo la leyenda sigue intacta.

Los siglos te contemplan. Italia, instintivamente, da esa sensación: el tiempo no ha trascurrido para ella. Monumentos, ruinas, recuerdos, sueños, viento, literatura. Y sin embargo, al mismo tiempo… La mañana despierta en Pompeya (Pompei en italiano): La leyenda sigue intacta, los hechos… Recordamos la historia… el volcán del Vesubio calentó los corazones al instante: niños que jugueteaban con la inocencia aún intacta, animales, ciudadanos de todas las edades… los cuerpos permanecieron sepultados por la lava en cuestión de segundos, y fueron recuperados para mantener perenne la memoria.

El único volcán aún activo de la Europa continental enterró la ciudad de Pompeya el 24 de agosto del año 79 bajo una capa de lapilli (piroclastos de piedra pómez candente), matando en el acto a dos mil mujeres, hombres y niños.

Vesubio y ruinas.

Foto: Toshio Kishiyama

A un lado, la cotidianidad: casas, muros, callejuelas de arena, recuerdos de cocinas, escuelas, baños públicos, paredes pintadas. Al otro, la amplitud, la majestuosidad: el Tempio di Apollo, el más importante de Pompeya datado en el S.II a.C., el Tempio di Venere, el Foro Triangular, el Teatro Grande y el Teatro Piccolo, el Anfiteatro…Imagina que eres un león, o un romano. Sí, igual que un juego de niños. La imaginación, más allá del cine y de la literatura, se exalta entre las ruinas.

El viajero entra en el mayor yacimiento arqueológico, una ciudad desaparecida. Redescubierta en 1594 por el arquitecto Domenico Fontana, no fue hasta 1748, bajo el reinado de Carlos VII de Nápoles, cuando se comenzó poco a poco a explorar. Aún hoy, cerca de trescientos años después, las exploraciones siguen y continúan encontrándose recuerdos intactos de un pasado. Detalles, ingenios, color. Y también curiosidades: en la Casa del Poeta Trágico puede verse el que fuera el primer cartel del mundo de “Cuidado con el perro” (Cave canem).

El camino suspira y evoca a cada paso… Ruinas, columnas, ánforas…. Los moldes de cuerpos, rellenados a finales del siglo XIX vertiendo yeso en los huecos dejados por los cadáveres desintegrados. Exaltación.

Sombras de Pompeya

Foto: Trey Ratcliff

Italia no es sutil, es densa, directamente atrapa, conmueve, absorbe. Italia corta la respiración. Pompeya es una muestra intensa de ello. No hacen falta explicaciones. Sobran los guías. Sólo hay que permitirle a nuestro autocontrol dejarse arrastrar. Abandonas el tren, los pasos perdidos por una pequeña ciudad, y al entrar en las ruinas, en el recuerdo físico de lo que en un momento atrás hubo, las palabras sobran. Contemplas y caminas, y en ello, sólo una recomendación: elegir de un modo adecuado al acompañante. Italia, y concretamente Pompeya, te exige esa elección. Hay a quienes les cansa ver ruinas, quienes quieren ver absolutamente todo detalle a detalle, quienes prefieren detenerse a contemplar, quienes aceleran o reducen la marcha… es necesariamente preferible que el acompañante vaya en consonancia al acompañado. Un acuerdo explícito de dos siglos atrás podría aplicarse al viajero contemporáneo. Fechado a 15 de agosto de 1827, Stendhal, quien tanto amara Italia, anota en sus Paseos por Roma…

“Imaginad dos viajeros bien educados corriendo el mundo juntos; cada uno de ellos se complace en sacrificar al otro sus pequeños planes de cada día, y al final del viaje resulta que se han importunado constantemente. / Cuando los viajeros son varios, si quieren ver una ciudad, pueden convenir la una de la mañana para salir juntos. No se espera a nadie; se supone que los ausentes tienen razones para pasar esa mañana solos. / En el camino se conviene que el que pone un alfiler en el cuello de su levita se hace invisible; y ya no se le habla. En fin, cada uno de nosotros podrá, sin faltar a la cortesía, pasear sólo por Italia e incluso volverse a Francia; ésta es nuestra constitución escrita y firmada esta mañana en el Coliseo […]. Por medio de esta constitución esperamos que nos querremos al volver de Italia lo mismo que al ir. […]

Silencio o palabras. Soledad o compañía. Pasado o futuro. Todo queda dicho. O todo está por decir. Da igual lo que esté ya escrito, el viajero redescubrirá la ciudad, conducirá sus pasos, creará una nueva imagen con su mirada, alternando imaginación y hechos, presencias, fugaces recuerdos de lo no vivido, con ilusiones de lo perdido o hallado. Pompeya aguarda.

Patricia Gardeu

Patricia Gardeu es estudiante de periodismo y escritora de viajes. El estilo nostálgico y soñador que imbuye en sus artículos consigue que el lector se sienta partícipe en primera persona de su viaje.



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1 respuestas para “El día en que el tiempo se paró para Pompeya.”


  1. daniela enriquez tapia - 19 de noviembre de 2010 a las 21:38

    hola, tu informacion me parece muy importante, me ayudó en mi tarea de goegrafia de la secu!



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