Descubre la civilización que nunca fue descubierta.
A una hora escasa de la Ciudad de México se halla Teotihuacán, la cuna de la civilización más misteriosa de mesoamérica. ¿Cuál era el nombre original de la ciudad? ¿Por qué desaparecieron sus habitantes sin dejar rastro? Adéntrate en los enigmas que plantea esta espectacular ciudad.
Imagina la sensación que debió sentir el primer explorador azteca del siglo XIV, ataviado con su penacho emplumado de vivos colores y sujetando una amenazadora lanza de punta de obsidiana, cuando se topó con las pirámides de Teotihuacán en medio de una abandonada ciudad en ruinas. No es de extrañar que los aztecas rebautizaron la ciudad como Teotihuacán, o ciudad de los dioses, en honor de las deidades que sin duda alguna debían habitar en una ciudad compuesta por estructuras de tamaño muy superior a cualquier pirámide conocida por ellos con aterioridad. (Actualmente la pirámide del sol es la tercera en altura del mundo).
Sin embargo, muy poco se sabe de esta civilización que desapareció de la faz de la tierra alrededor del siglo VII de nuestra era, dejando atrás en la actual México tan sólo sus construcciones, varios murales con ilustraciones de sus dioses, y multitud de objetos repartidos por la geografía mexicana. De hecho no nos es conocido ni siquiera el nombre original de la ciudad, y los expertos tan sólo pueden especular acerca de las causas de la súbita desaparición teotihuacana: La hambruna, la conquista por parte de alguna etnia rival o la guerra civil han sido esgrimidas como las razones principales, aunque la razón real sigue resultando tan misteriosa como los recientemente descubiertos túneles bajo la pirámide del sol.
Si tomas un avión a la alegre pero irrespirable México D.F., (la polución ennegrece los cuellos de las camisas, y las autoridades desaconsejan el deporte al aire libre), no puedes perderte un viaje a las ruinas de esta mítica ciudad, cuyo trayecto se recorre en menos de una hora. Es momento de hacer un importante inciso: El tráfico en la ciudad de México es desesperante y es una de las pocas causas que el autor de este texto considera justificantes del suicidio, por lo que procura elegir muy bien las horas de salida de la megalópolis para no coincidir con las hora punta de circulación. Es decir, es recomendable no efectuar la visita en días laborables, pero si resultase inevitable, es mejor no realizar la salida entre las 8:00 y las 10:30, ni el regreso entre las 17:00 y las 20:00. La hora de comer tampoco es mucho mejor. Ahora bien, los visitantes que sorteen el tráfico sin recurrir al fin de semana serán recompensados con un menor número de turistas en Teotihuacán, lo cual hará la experiencia más auténtica.
Las dos formas más sencillas de llegar a Teotihuacán sin pasar por una estación de autobús, (aunque si deaseamos llegar en autobús tendríamos que tomar el metro hasta la Estación de Autobuses del Norte y tomar algún autobús de alguna empresa privada que sale cada 15 minutos y te deja en la puerta de Teotihuacán), son los viajes organizados y los taxis. En el primero de los casos, los minibuses de las agencias de transporte efectúan trayectos frecuentes desde hoteles de lujo de la Ciudad de México que pueden ser contratados en los propios lobbys del hotel. Están claramente enfocados al turista que desea alejarse de preocupaciones y viajar en masa con otros viajeros como él, e incluyen una comida en algún restaurante asociado con la agencia, (nunca en un lugar realmente auténtico, aunque sí ofrecen comida mexicana y suelen incluir mariachis), y una visita obligada a una tienda de recuerdos. (También llamada emboscada consumista).
Efectuando el trayecto en taxi, es importante prestar atención al tipo de taxi al que confiaremos nuestro bienestar físico. Si eres un extranjero en México lo conveniente es no utilizar taxis verdes regulares, sino contratar un radio taxi o un taxi del hotel y pactar las tarifas de antemano. (¡Siempre para la ida y para la vuelta!). Entre ambas clases suelen ser más baratos los radio taxis, aunque en realidad ofrecen un perfil de seguridad similar y gran flexibilidad para hacerse amigo del taxista obteniendo su colaboración para encontrar algún buen restaurante por la zona de Teotihuacán, siempre y cuando nuestro débil estómago extranjero sea capaz de soportarlo con estoicismo.
Una vez allí, y especialmente si tu ascensión a las pirámides para contemplar las vistas no acarrea una torcedura de tobillo indeseada, la visita indudablemente merecerá la pena. ¡Dos mil años de historia te contemplan!
David Vuelta es un analista financiero y abogado cuya pasión por viajar sin duda deriva de los numerosos vuelos a través del Atlántico que realizó incluso antes de nacer. Actualmente malvive viajando menos de lo que desearía.



