Tú también puedes escalar el Annapurna…(Al menos un tramo).

Alcanzar el campamento base de la mítica montaña nepalí no es privilegio de unos pocos montañistas experimentados, y posiblemente semicongelados. Siguiendo estos consejos, el ascenso está al alcance de tus manos. Ahora bien, llegar hasta la cumbre es otra cosa muy diferente…

El ascenso al campo base de Annapurna (comúnmente conocido como ABC por sus siglas en inglés), en los Himalayas nepalíes, es tan emocionante como suena. El camino, un trayecto que tanto tiene de cultural como de natural, depara caramelos en forma de gentes amables y paisajes impresionantes. Para sacarle el máximo partido a esta experiencia sólo es necesario reparar en la importancia de algunas decisiones.

Podemos subir por cuenta propia o acompañados de un guía. Un buen mapa y cierto sentido de la orientación bastan para aventurarse hacia arriba sin otra referencia humana. Además, en temporada alta (de octubre a noviembre), el camino está bastante transitado, con lo que es difícil perderse. No obstante, y al margen de lo estrictamente práctico, ir acompañado de un guía ofrece muchas recompensas.

Pokhara, pueblo lanzadera para las caminatas al Annapurna, alberga multitud de agencias que ofrecen diferentes itinerarios, paquetes y, como no, precios. Merece la pena dedicar tiempo al trabajo de campo, porque una mala organización (o una mala compañía) nos puede amargar el viaje. Es recomendable entrevistarse con varios guías de antemano, no solo para tantear su conocimiento de la montaña, sino para conocer a la persona. Como en toda profesión, los hay de todo tipo y condición.

El pico del Annapurna

Foto: Marta Iglesias

Que chapurree español no es razón de peso para contratarle. Que haya sido porteador antes que guía o que sepa qué hacer si a 3000 metros sufres mal de altura o te tuerces un tobillo, sí.

En el camino al campo base, especialmente en el tramo final, son frecuentes las avalanchas de nieve o los corrimientos de tierra en época de lluvias. Además de estar al tanto sobre las últimas condiciones, un buen guía conoce rutas alternativas y ante un mapa (normalmente desfasados precisamente por estas razones), sabe señalar qué referencias son válidas y cuáles no. Conoce la perfección la montaña y a sus gentes.

Pokhara es también cuna de la rompedora iniciativa que las hermanas Chhetri llevaron a cabo ya hace más de una década, cuando crearon la ONG “Empowering Women of Nepal”. Estas tres emprendedoras hermanas, que regentan una casa de huéspedes en el pueblo, son también las fundadoras de la compañía “3 Sisters Adventure Trekking”, una organización que prepara a mujeres nepalíes para convertirse en guías de alta montaña, instruyéndolas además en ecoturismo, inglés, primeros auxilios o historia.

Además de la labor encomiable que están realizando en un país en el que las mujeres apenas cuentan con oportunidades, las hermanas Chhetriofrecen una alternativa a las mujeres que viajan solas, que tienen así la oportunidad de ser acompañadas por otras mujeres y de escoger itinerarios a su medida. Es importante señalar que las Chhetri emplean a mujeres de todas las castas, incluyendo las Dalits o intocables, una casta aún hoy relegada a realizar los trabajos más marginales y con escasas posibilidades de desarrollo.

Existen guías, hombres y mujeres, de esta casta y no está de más hacer un esfuerzo por encontrarlos. No siempre es fácil. Normalmente, a no ser que encuentren asociaciones como la de las hermanas Chhetri, se ven obligados a mentir sobre su apellido (indicativo de la casta a la que pertenecen) para conseguir empleos. Son personas cuyo esfuerzo por superarse y romper con el injusto sistema que les oprime merece una recompensa.

Vista desde el destino

Foto: Marta Iglesias

Una vez escogido el guía, es más fácil determinar el itinerario con él o ella. Es bastante común encontrar paquetes con un número de días estipulados. No obstante, si lo que queremos es disfrutar de las montañas a nuestro ritmo, que puede ser más resuelto o parsimonioso que lo estimado por las agencias, es preferible no cerrar fechas. Por la misma razón, resulta más cómodo dormir y comer donde creamos conveniente en vez de partir con limitadores paquetes de “pensión completa”.

Otro aspecto a tener en cuenta es cuándo ir. En Nepal hay dos estaciones diferenciadas; la monzónica se extiende de junio a septiembre y la seca, de octubre a mayo. Los meses de octubre y noviembre son probablemente los mejores, ya que se puede disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor tras las lluvias, los días despejados garantizan las mejores vistas de las montañas y el frío aún es soportable. La desventaja, efectivamente, que hay más gente.

Si bien, por razones obvias, no es recomendable subir en plena época de lluvias, la temporada baja, aparte de ventajas económicas, ofrece la posibilidad de disfrutar de las montañas con menos tránsito, lo que facilita también el contacto con los lugareños. Si no nos importa quedar atrapados en algún que otro chaparrón (las tormentas en esos parajes son impresionantes), y asumimos la posibilidad de coger alguna que otra sanguijuela, entonces finales de septiembre puede ser un buen momento para nuestro ascenso al campo base.

El resto ya es cuestión de piernas…

Marta Iglesias

Marta Iglesias decidió dejarlo todo para dar la vuelta al mundo.



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