Objetivo: Luces de Birmania.

Si Buda pudiera hablar, seguro que diría maravillas de los festivales de luces de Myanmar. A pesar del control que ejerce la junta militar sobre el país, las pagodas de Birmania bien merecen un viaje zen. Y si coincide con un festival, mejor.

Myanmar, también conocido como Birmania, enclavado en la zona meridional de Asia, es una tierra de naturaleza exuberante, de antiquísima historia y gran riqueza cultural y espiritual. Una combinación de la herencia china e hindú, junto con otras muchas creencias y etnias (como la karen, de donde provienen las “mujeres jirafa”) conforman el espíritu birmano. Es también el país de los templos budistas y las pagodas, ya que un 90% de la población profesa esta religión. Los birmanos son gente pacífica, amable y sonriente. Siempre están dispuestos a las celebraciones, como las muchas que llenan el calendario budista y que aúnan las conmemoraciones religiosas con las fiestas de cambio de estación y de unión con la Naturaleza.

La mayoría de estos festivales se hacen bajo el patronato de algún templo concreto y suelen extenderse durante varios días. Muchos de ellos tienen, además de la alegría, las representaciones teatrales y los puestos ambulantes de comida, la luz como su principal atractivo.

Festival de las luces en Birmania

Foto: St. John Moore

Así el Festival de las Luces, que indica el fin de la Cuaresma budista y de la época de los monzones, en octubre, se celebra lanzando al cielo globos de papel con velas en su interior, para así iluminar el camino a Buda en su ascensión al mundo del espíritu. Durante los tres días que dura, las calles y las casas se llenan de faroles de papel y lamparillas de colores y se hacen ofrendas en la pagoda local.

Una prueba del carácter apacible y positivo de los birmanos es que en el año 2008 sufrieron un terrible ciclón (el Nargis), con consecuencias tales como falta de agua potable y de alimento, destrucción de viviendas e infraestructuras, etc; y, sin embargo, tal y como dice Ruth Ulrich, de Médicos Sin Fronteras, que se encontraba prestando ayuda en el lugar, muchas personas afirmaron que el Festival de las Luces que celebraron entonces fue el mejor de sus vidas. Se unieron todos para poder conseguir suficientes velas y medios para llevar a cabo la celebración, creando “un símbolo de esperanza en el futuro”.

Otra celebración con la presencia de las luces es la Fiesta de la Iluminación o Tazaungmon en la que se encienden velas en las pagodas, creando un ambiente mágico y deslumbrante. Para los birmanos, en este día los planetas se alinean en el firmamento. Similar es la Fiesta de Shwe-Zi-Gon, en Bagan, pues también se exhiben velas en las pagodas y se hacen fuegos artificiales. O también la Fiesta de las Velas, en la que se encienden 9999 velas cuando llega el día de luna llena.

Y es que parece que no hay fiesta en Myanmar sin la presencia del fuego. De hecho, en febrero tiene lugar la llamada Ceremonia del Fuego en Pyay. Cuando la luna empieza su ciclo menguante los birmanos colocan unas plantas especiales (de Nyan Yoe) en las pagodas, en unas plataformas, de forma que estén encaradas a los cuatro puntos cardinales. Prenden las plantas que, al quemarse, no emiten humo. Después se hace una peregrinación a la montaña Pho U donde, lugar que, según la tradición budista, había visitado Buda.

Adoración de Buda en Myanmar

Foto: Rudi Roels

La importancia de Buda en la vida religiosa de los habitantes de Myanmar es máxima, ya que gira en torno a las pagodas que albergan sus estatuas. Algo que llama la atención si se desconoce la iconografía budista son los gestos de Buda en las estatuas. Así como en el cristianismo, en las iglesias, la representación principal de Jesucristo suele ser tan solo de dos maneras (en la Cruz o en el Pantocrátor), en los templos budistas podemos observar a Buda en cuatro posiciones según las diversas etapas de su vida. Se muestra de pie o andando cuando está enseñando su doctrina o bendiciendo. Para simbolizar la meditación se lo representa sentado, con las piernas cruzadas en la postura de la flor de loto. La última postura, yaciente, figura o bien estado de reposo o bien su muerte y llegada al estado supremo de Nirvana.

Buda no es un dios propiamente dicho y, por tanto, el budismo es más bien una filosofía de vida, sin dioses a los que adorar. A pesar de ello, en Myanmar se tiene una especial devoción por una especie de diosecillos llamados nats, que procede de tradiciones animistas. Son genios presentes en los diversos aspectos de la vida cotidiana y cada pueblo tiene uno propio que actúa como protector, a semejanza de las divinidades políadas de Grecia y Roma. Estas creencias generan unos de los elementos más encantadores de Myanmar, como son los pequeños templetes dedicados a los nats que pueblan los caminos y también las inmediaciones de las pagodas.

Esto son solo unos pocos ejemplos de la religiosidad presente en la vida de los birmanos y que seguro que fascinarán al viajero ávido de experiencias culturales nuevas. No hay que temer involucrarse en los ritos locales, siempre que sea con respeto, y participar en los festivales de forma activa, pues los birmanos se caracterizan por ser personas abiertas y siempre dispuestas a entablar relación con el visitante. Así que, si viajas a la tierra de las “Pagodas de Oro” y ves luces en los templos y escuchas música y risas en el ambiente no dudes en disfrutar de los festejos como un birmano más.

Rosaura Ruiz

Rosaura Ruiz es estudiante de Historia, devoradora de libros y amante del arte y la cultura. En cuanto puede, que es cuando el dinero se lo permite, sale de viaje. Planificar la siguiente escapada es lo que la mantiene con vida; las ganas de descubrir nuevos lugares es lo que llena su mente.



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