Llama a la puerta de Bollywood.

El boom de la película “Slumdog Millionaire” ha puesto en boca de todos la megalópolis del contraste indio, Bombay, (Mumbai). Despreciada por numerosas guías de viaje, te contamos qué es lo que hace especial a esta ciudad, y por qué has de conocerla antes de que cambie para siempre.

Podría haber sido un día como cualquier otro en la vida de Vijay. Levantarse al alba para conducir su taxi por las caóticas calles de Mumbai, con sus casi 20 millones de personas, no era tarea fácil. Sin embargo tenía motivos para estar alegre, hoy comenzaba el festival de Ganesha, dónde se honoraba al querido dios elefante, símbolo de la sabiduría la prosperidad y la buena suerte. Durante ese periodo a finales de Agosto y principios de Septiembre las calles se llenarían de música, de tambores, de bailes improvisados; incontables procesiones con Ganeshas hechos de todo tipo de materiales dependiendo de la riqueza de la casta o grupo, se pasearían por la ciudad hasta culminar en las aguas de la bahía –él iría a Juhu Beach- dónde serían sumergidos y devueltos a la tierra madre. Era realmente el momento más importante del año para él y para su ciudad.

Formada a partir de varias islas que habían sido en su origen comunidades pesqueras, la antes conocida como Bombay había crecido colonizada por portugueses y luego ingleses, y hoy en día es una metrópolis vibrante a la cabeza del país en términos de industria, especulación y dinero.

Sari en la playa de India

Foto: Luke Bowles

Unos turistas pararon a Vijay mientras él pensaba en una de sus actrices indias favoritas, que había visto en una de las miles de películas que se ruedan en Bollywood cada año, ubicado a las afueras de la ciudad. ‘Al hotel Royal Meridien, por favor’ Vijay lo conocía, situado cerca del aeropuerto en una zona repleta de hoteles de lujo, era uno de los mejores de la ciudad, frecuentado por hombres de negocios pero también por turistas exigentes. Laura y Pablo habían decidido no ahorrar en hoteles, porque sabían que después de la cruel pobreza que se encuentra por las calles bajo todas sus formas, necesitarían templar sus emociones y recomponerse para seguir explorando y asimilando. Podrían haber ido al ‘Krishna Palace Hotel’ o al ‘The Regency Mumbai’ ambos muy bien situados y mucho más baratos, pero a Pablo le gustaba sorprender a su mujer, y dando fabulosas propinas de 10 rupias (14 céntimos de euro) a diestro y siniestro, nunca se había sentido más generoso.

En su primer día habían visitado la famosa ‘Gate of India’ (puerta de la India) el monumento insignia de la ciudad construido en 1911 para conmemorar una visita de la Reina Mary. Y justo al lado habían admirado el más famoso hotel, el Taj Majal. La zona estaba llena de vida y contrastes, empezando por el ‘Mercado de los Ladrones’ cargado de todo tipo de artefactos y antiguallas. También calles y calles con tenderetes vendiendo de todo: souvenirs, telas, y gracias a dios paraguas, porque en plenos monzones la lluvia no paraba de caer. Laura se había enamorado de un vestido de seda estupendo y lo había comprado por 450 rupias (6 euros). ‘Crawford Marquet’ era una maravilla arquitectónica neogótica justo enfrente del impresionante cuartel de la policía.

A la hora de comer habían dudado, a causa de sus miedos: primero las vacunas, luego el agua sólo embotellada, cuidado con las ensaladas…¿nos pondremos enfermos? Por la zona abundaban restaurantes estupendos como ‘Indigo’, el ‘Busaba’ o el ‘Jewel of India’ pero decidieron ignorar las guias y probar suerte en uno donde había jóvenes indios y ni un turista. El ‘mouton biryani’ resultó ser el plato estrella, arroz con cordero, y no faltaron múltiples ‘naan’ el pan indio frotado con mantequilla o con ajo, y otros tres platos; la cuenta fue de 300 rupias en total (unos 3.5 euros). A este paso podrían permitirse algún capricho en los fabulosos almacenes ‘Kimaya’ en la zona de Kemps Corner, dónde se agrupan los mejores diseñadores indios.

Tambores en India

Foto: Alessandro Ferrando

Lo que se hacía más pesado en Mumbai eran los desplazamientos; motos, coches, bicicletas, caminantes, todos arrojados en pleno delirio vial hacia que la vuelta a casa estuviera siempre en manos de Dios, y a unas 150 rupias por un trayecto de una hora si se negociaba bien, y siempre necesitabas una hora, pues Mumbai no tiene un centro, sino siete centros diferentes y es imposible visitarlos todos. El metro de Mumbai es sin duda el medio más eficaz para desplazarse, pero también el más peligroso debido a las aglomeraciones y a sus puertas abiertas. Pero Vijay parecía un buen chico, se merece una propina pensaba Pablo; eso era algo curioso acerca de la India, la gente siempre sonríe con una sonrisa honesta, y la ciudad, en contraste con la suciedad de sus calles, está iluminada por los colores de los sari de las mujeres, sean pobres o no.

Por la noche irían tal vez al famoso ‘Leopold café’ donde se reúnen todos los viajeros para contarse sus viajes, o más seguramente al ‘Blue Frogg’, restaurante-club con actuaciones en directo donde hacía poco Norah Jones había decidido improvisar subiéndose al escenario.

Pese a ser un destino generalmente despreciado por el viajero, Mumbai ofrece uno de los mejores ejemplos de cuevas budistas, en la ‘Isla Elefanta’, excursión imprescindible donde varios templos excavados en la roca pueden ser visitados tras una hora en barco destartalado al más puro estilo Parque Jurásico. Existen además múltiples museos como el recientemente restaurado Victoria&Albert cerca del Zoo, o el magnífico ‘Prince of Wales Museum’. Además cuenta con templos hindús como ‘Babulnath’ y es una excelente puerta para conocer otros lugares: la vecina ciudad de Pune, a la que se llega con un tren en tres horas, o cogiendo vuelos internos -cuyos precios son muy bajos- para dirigirse hacia otros lares como Goa, paraíso terrenal con playas de arena blanca, a dónde se dirigían Laura y Pablo, pero esa, es otra historia.

Alessandro Ferrando

Alessandro Ferrando es un observador de culturas; Licenciado en Historia del Arte y especialista en Arte Contemporaneo, sus intereses son multiples y casi opuestos; gusta de descubrir la belleza que yace escondida por todas partes y hacerla visible a traves de sus escritos.



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