Cómo vencer la picaresca de los taxistas Tailandeses.
Si en general hay que vigilar cuidadosamente al taxista en cualquier país del mundo, para países como Tailandia en los que el taxímetro está desaparecido en combate, ¡te enseñamos las tretas más comunes que usarán para intentar timarte!
Tailandia, ese país de ensueño con sus maravillas arquitectónicas y naturales, sus gentes que rebosan simpatía y sonrisas, su apetitosa gastronomía, sus playas paradisíacas y sus ciudades rebosantes de vida, muestran al turista un paraíso de ocio y entretenimiento. Pero la picaresca de sus habitantes es también ampliamente conocida y hay que andar con ojo, pero siempre como hacen ellos, con la sonrisa por delante.
El tailandés es amable, simpático y no pierde la oportunidad para entablar una animada conversación con el turista. Aunque es verdad que muchos se dirigen al turista con curiosidad y con la intención de ayudarle, otros muchos intentarán sacar beneficio del despistado y del confiado.
El medio de transporte que utilicemos para desplazarnos es la mejor ventanilla de contratación de viajes de la que disponen. El turista se sube al taxi o al tuk-tuk (especie de carricoche tirado por una moto o bicicleta) feliz de haber encontrado un medio que le lleve a su destino, pero lo que no sabe es que está encima de una agencia de viajes con ruedas. En primer lugar, nos preguntarán por el hotel al que nos dirigimos y mostrarán susto y pavor ante nuestra elección. El hotel que tenemos previamente reservado e incluso requete-confirmado, resulta que lo han cerrado, está lleno, tiene cucarachas y roedores radioactivos, o peor aún, ha ardido en un incendio, terremoto o tsunami. Los motivos son de lo más ocurrentes y variopintos, tanto es así, que a veces ellos mismos acaban riéndose por la tontería que acaban de decir. A cambio, nos propondrán un barato hotel que debería estar en la guía rustica por su encanto y prestaciones. Aún así, debemos ser tenaces y afirmar con simpatía que elegimos ese hotel precisamente por la fauna, ruidos y demás inconvenientes que tiene.
Superado el momento hotel-del-horror, llega la pregunta, ¿y qué vais a hacer mañana? Qué casualidad que dicho taxista (su cuñado también vale) puede llevarnos a ese sitio más barato, rápido y sin colas. Total, que si bajamos la guardia, ya nos han organizado toda la estancia en la ciudad y la de unos amigos que llegan el mes que viene. Lo mejor es, si no nos interesa, declinar amablemente su propuesta y darle una propinilla a la salida para que no se vaya el hombre decaído.
Una vez estamos en el hotel, que resulta que no le pasaba nada, podemos comenzar las excursiones de rigor por la ciudad. Pero, ¡hay que volver a coger transporte! Tal vez elijamos un tuk-tuk que es más exótico y barato, o el tradicional taxi, más fresquito y seguro, o una moto, más emocionante y aventurera… Es conveniente saber el precio aproximado de antemano (preguntando por ejemplo en el hotel) para acortar el tiempo de regateo. Una vez en el tuk-tuk, taxi o similar, nos dirigirán la famosa pregunta de qué vamos a hacer y ¡sorpresa!, resulta que ahora no deberíais ir a tal templo porque está cerrado por la fiesta del chándal tibetano. A cambio, os ofrecerán otro recorrido (por una insignificante cantidad extra de dinero) en el que veréis muchas más cosas porque también es la fiesta del pié derecho del buda recostado y claro, están abiertos otros sitios aún mejores. No hay que fiarse, si nos dicen que un templo/museo/tienda etc. está cerrado, desconfiad y comprobadlo, que suele ser otro truquito para seguir con el taxista el resto del día y visitar innumerables templos y tiendas que “casualmente” pillan de camino (mejor no comprobarlo con un mapa, puesto que nos sumergiremos en una larga y apasionante conversación en la que el conductor nos intentará convencer de que claramente, el camino más corto entre dos puntos, es una amplia curva parabólica zig-zagueante).
Incluso aunque tengamos la lista de monumentos y rincones más típicos controlada para evitar salirnos de nuestro recorrido, en la que se incluyen todas las variaciones de museos, templos y budas (de pie, sentado, recostado), nos preguntarán si hemos visto el famoso lucky buda o el impresionante family buda. Ojipláticos repasaremos nuestra minuciosa lista y maldeciremos a la lonely planet por no haber incluido este buda en su repertorio. Pero ¡oh sorpresa!, no existe tal buda. Nos llevarán a cualquier templo recóndito haciéndonos creer que hemos visitado un buda no visto nunca antes por un turista.
En fin, que hay que tomarse la vida con humor y disfrutar de nuestro viaje, que para eso lo hacemos. Tailandia es un precioso país que no nos defraudará, simplemente hay que moverse con precaución, pero eso hay que hacerlo en cualquier parte del mundo.
Estela García es una viajera incansable y sedienta de conocer nuevos sitios y sus gentes. Según ella; “mientras existan rincones por explorar, quedarán sueños por realizar”.




