Tanzania… mejor sin malaria.

Sólamente el mosquito Anopheles se interpone entre los parajes naturales más impactantes de África y tú. Te enseñamos cómo superar el pequeño escollo, y exactamente qué te estás perdiendo por no estar ahora mismo en Tanzania.

 

El viaje a Tanzania comienza uno o dos meses antes: Hablo de ir a algún hospital donde tengan sección de medicina tropical, y contarles cuál es el cometido del viaje. Lo más probable es que te recomienden varias vacunas: meningitis meningocócica, hepatitis A y B y fiebre amarilla. Para evitar tantos pinchazos, lo normal es que te receten también vacunas orales, como la del cólera y la fiebre tifoidea, y la profilaxis de la malaria. Estas vacunas orales son incompatibles entre sí, en caso de tomarlas a la vez reducen su efecto. Por otro lado, la profilaxis contra la malaria se toma desde el día antes de comenzar el viaje, durante el tiempo de estancia en el país de destino (siempre que sea inferior a tres meses), y durante la semana de después de abandonar el país.

Esas son las precauciones más importantes que hay que tomar. También se puede prevenir, complementando a las vacunas, llevando un buen repelente de mosquitos, durmiendo siempre con mosquitera (asegurate de que no tenga ningún agujero), y utilizando ropa clara y larga (sobre todo al atardecer, ya que la oscuridad atrae a la hembra del mosquito Anopheles, transmisora de la malaria.)

Foto: Daniele Befera

Y llega el momento del viaje: desde España, la escala en Ámsterdam es inevitable, los nervios de llegar al destino, y de qué encontrarás allí, también. En el avión intenta elegir ventanilla, ya que entre siesta y siesta las vistas son impresionantes: los Alpes, el Sáhara… En el menú, sopa de hipopótamo (que puede sembrar dudas, pero en realidad es de tomate). El avión hace dos paradas, en el Kilimanjaro y en el destino final, Dar Es Salaam, la ciudad más poblada de Tanzania. Una vez allí, lo mejor es aprender las palabras básicas en swahili. Quizás la más importante es Ashante Sana, que traducido significa “muchas gracias”. Pero si no, siempre puedes hablar en inglés, el idioma cooficial, aunque hay ciertas zonas no lo hablan.

Sorprenden los autobuses, que van llenos a más no poder, y los que conocen aquéllo nunca recomendarían a los que llegan nuevos, por su incomodidad. Para conocer otras zonas del país, para bolsillos pudientes lo mejor es moverse en avión, ya que trenes y autobuses pueden tardar días en llegar. La compañía de vuelos internos es Precission Air, que con suerte, saldrá en el día y la hora contratados. Aunque en el aeropuerto no lo pone por ninguna parte, no pueden llevarse líquidos. La idea de llevar la crema solar para aprovechar el tiempo de vuelo no es una buena idea, hay que ser muy persuasivo para que sean indulgentes.

El vuelo a Kigoma, al oeste del país, tiene una parada en Tabora. Sorprenden los aterrizajes en los aeropuertos pequeños: la pista es de tierra, y el suelo tiene grandes hoyos. Los rebotes cogen de improviso, asustan, y los asiduos al vuelo se ríen de ti. Poco antes de llegar a Kigoma las vistas son impresionantes: el Lago Tanganika.

A medida que te alejas de la ciudad descubres que las carreteras son como las pistas de aterrizaje, y que para hacer 100 km necesitas cuatro horas. Por esas carreteras a todas horas circula gente caminando o en bicicleta, utilizada para acarrear todo tipo de mercancías. Y allí se observa, como tantas veces en televisión, cómo las mujeres llevan a sus bebés atados a la espalda, y grandes barreños llenos de lo que han recogido en el campo, sobre la cabeza.

Masai en Tanzania

Vale la pena visitar las playas del Lago Tanganika, y nunca está de más una fiesta en la playa, a la luz de las estrellas, probando un plato típico, como el pollo con pili-pili, una salsa realmente picante, regados con un zumo de fruta de la pasión. Se puede decir que aquello es el paraíso.

Al volver a la ciudad, a la hora de comprar regalos, hay mercadillos llenos de artesanía muy barata, y si algo te parece excesivo, siempre puedes regatear. Otro de los regalos típicos de allí, a un precio irrisorio, son las telas; si compras telas con la intención de hacerte alguna prenda de ropa, y tienes tiempo, lo mejor es que busques allí quién lo haga, además de que será más económico.

Y termina el viaje. A la hora de volver a casa, y de pasar el control de seguridad, en los aeropuertos pequeños suelen abrir las maletas para registrarlas, ya que no tienen escáner. Si no llevas nada fuera de lo normal, lo que más te preocupa es quién va a cerrarte la maleta. No debes preocuparte, la cierran ellos, y además sin ninguno de los problemas que tuviste tú a la hora de cerrarla en el hotel. También del equipaje de mano tienes que enseñar su interior, y suelen registrarte, ya que la mayoría de las veces no funciona el arco de seguridad.

Sin duda lo mejor del viaje es conocer a la gente de allí, ver su forma de vida, su felicidad, sus tradiciones (los libros de visitas en cada edificio institucional, esperar a que los invitados coman para empezar ellos, que los niños te persigan para que les hagas fotos y después se las enseñes…). Es todo eso lo que te deja ganas de regresar.

Ana Isabel González

Ana Isabel González estudia Periodismo, y a su pasión por escribir se suma su pasión por viajar. Su sueño es conocer los cinco continentes, y llegar a vivir en África, pero ser estudiante no le deja ni tiempo ni dinero para viajar.



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