Islamismo y pucherazo

A Irán se le cayó el velo. Bueno, no literalmente, dado que la obligación de las mujeres de mantener su cabello escondido en todos los lugares públicos sigue tan vigente como antes. Sin embargo, el velo que Irán mantenía frente al mundo para tapar sus carencias como república democrática, se ha venido abajo.

La sonrisa de Mahmud Ahmadineyad, reelegido presidente del país en las recientes elecciones, denota una felicidad que sólo puede ofrecer un pucherazo. Su deriva autoritaria le lleva a un terreno poco frecuentado; el de los dictadores que sonríen. Frente a tiranos como Hitler, Pol Pot o Stalin, cuyas musculaturas faciales fueron notoriamente inmóviles, el presidente Ahmadineyad está dichoso por arruinar la imagen exterior de su país y de pisotear las libertades civiles de sus ciudadanos.

A la fecha de este artículo, la sociedad moderna iraní se encuentra en una dura pugna con el establishment clerical repleto de telarañas que domina el país desde la revolución de 1979. Pero sus teléfonos no funcionan, y les golpean con palos. En esta desigual batalla, el país se juega su credibilidad y gran parte de su futuro. Si los reformistas moderados no triunfan, Irán estará firmemente opositando a ser la nueva Corea del Norte.

Aunque si Ahmadineyad no reconoce el holocausto, ¿qué nos hace pensar que va a reconocer una derrota electoral?

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