Aviones, yoga y trombosis.

Debido a las claustrofóbicas estrecheces de los aviones comerciales, se ha dado en los últimos tiempos un incremento de los casos de trombosis entre los pasajeros, también conocido como el “síndrome de la clase turista”. La única manera de estirar las piernas en un avión hoy en día es “estirar la pata” como consecuencia del mencionado síndrome.

Aunque las tasas de incidencia de la enfermedad son bajas, la sensación de ser una anchoa en lata es universal. Y no todos nosotros conocemos los secretos del yoga o del contorsionismo para adaptarnos a sus infernales proporciones. Por eso es obligatorio preguntarse… ¿Cuánto costaría algo más de espacio para las piernas a una aerolínea?

Imaginemos un avión Airbus 340, muy común en el tráfico aéreo y frecuentemente utilizado por compañías como Iberia. Este avión consta de 39 filas en la clase turista, con aproximadamente 8 asientos por fila, ascendiendo el número de pasajeros a 290. Si eliminásemos dos filas, (liberando unos 162 cm del avión), cada pasajero disfrutaría de unos liberadores 4,4 cm más de felicidad entre su asiento y el anterior.

El coste adicional que representaría esto para las compañías aéreas sería la pérdida de 14 pasajeros en la clase turista, (8 por una fila y 6 por la última fila de la aeronave que es más corta), lo cual equivale a aproximadamente un 4,8% de su facturación por esta clase. Obviamente esto sería repercutido al pasajero que pagaría algo más del 4,5% adicional por su billete. (Es preciso considerar el ahorro de combustible que supondría librarse del peso de 14 pasajeros y sus respectivas maletas, lo cual reduce el impacto).

Para que nos hagamos una idea, un vuelo Madrid-Nueva York de ida y vuelta, en lugar de 600 euros podría llegar a costar 627 euros. A cambio todos estaríamos mucho más cómodos y se ahorrarían unas cuantas muertes cada año.

¿No os parece un sacrificio razonable?



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